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Viernes 1ro de mayo de 2009
Hoy, 1º de mayo, es el día del trabajador, no del Trabajo. La diferencia no es menor, es sustancial. Al celebrarse el "Día del Trabajo" se saca de contexto la fecha, su motivo, su contenido, su sustancia. El sujeto, en esta fecha, es el eje del día, no el objeto, no la cosa.
La diferencia, que a la ligera parece menor, es -insisto- fundamental.
Lo que está ocurriendo con esta fecha, que lo estamos viviendo nosotros en los últimos años, es interesantísimo de analizar u observar, antropológicamente hablando, porque es lo mismo que ha ocurrido con la Navidad, con el solsticio de Verano / Invierno, y varias fechas más en la dominación cultural de la Iglesia Católica sobre Occidente. Se trata de una batalla de ideas, de vencedores y vencidos, y se sabe: la historia la escriben los que ganan...
En Estados Unidos no se conmemora el Día del Trabajador el 1º de Mayo, como sucede en casi todo el mundo. En USA es en una fecha por septiembre, y allí es oficialmente el Día del Trabajo, el Labor Day. Y no es casual.
El 1º de mayo se recuerda y rinde homenaje a los Mártires de Chicago, trabajadores asesinados por liderar una huelga obrera en reclamo de una jornada laboral de 8 horas a fines del siglo XIX. La conmemoración fue lanzada por la Internacional Socialista, y en alguna forma es la fecha por antonomasia del movimiento obrero, y en parte también de los movimientos socialistas y de izquierda de todo el mundo. Así, el 1º de Mayo es el Día Internacional de los Trabajadores (en otra oportunidad quizás me refiera a la diferencia de usar los términos "internacional" y "mundial" pero hoy no). Para contrarrestar el recuerdo de aquella matanza cometida por el Estado y las clases altas, el Gobierno de Estados Unidos reforzó la idea de celebrar el Día del Trabajo -en oposición al Día del Trabajador-, y en un mes lo bastante lejano a mayo.
Decir que el 1º de Mayo es el Día del Trabajo es como regalarle una flor a una chica el 8 de marzo y desearle feliz día porque tiene vagina. El 8 de marzo es el Día de la Mujer (o el Día Internacional de la Mujer Trabajadora), como una forma de conmemorar y recordar la permanente lucha de las mujeres por la igualdad y libertad en un mundo machista y discriminador. El 8 de marzo no le digo "feliz día" a mi mujer como si se tratase de su cumpleaños, porque eso cambiaría el eje de la fecha, y terminaría subvirtiendo su sentido, volviendo a la dominación del hombre sobre la mujer, estableciéndose una fecha en la que se celebre la existencia de la vagina para el placer unidireccional del hombre. ¿Se entiende lo que quiero decir?
En el mismo sentido, celebrar el Día del Trabajo (de la cosa), niega el conflicto, niega el origen, borra el pasado, vacía de contenido y saca de contexto, a la fecha. Es felicitar a los verdugos. Es apoyar el macarthismo, aquel mismo que condenó a Chaplin por el gag de la bandera roja que se cae de un camión de mudanza, en Tiempos Modernos.
Es un eufemismo peligroso.
Conmemorar el Día del Trabajador (del sujeto) no es -por el contrario de lo que alguno quiera chicanearme- una reivindicación comunista - leninista - troskista - marxista - stalinista - guevarista - castrista - maoista. A mis tempranos 14 años abandoné todos los ismos...
Es, sí, poner las cosas en su lugar, y mirar el tablero completo. Y que no hay armonía (o fin de la historia, como se promocionó a mediados de los ’90), sino crisis y conflicto permanente, que es parte de la condición intrínseca de la vida misma. De la vida toda.
Celebrar el Día del Trabajo es negar a Darwin y tirarle piedras a los monos. Es condenarnos a una estabilidad perpetua, que se choca de narices contra toda ciencia.
No estoy siendo claro, ya se, pero el ejemplo siguiente aclarará el planteamiento:
La Iglesia crecía en su poder sobre el mundo (en aquel entonces Europa, norte de África y Oriente cerquita..., para más o menos situarnos geográficamente), pero los herejes seguían con sus rituales inmundos que ofendían al buen dios.
Apelando a aquello de "si no puedes con el enemigo, únete a él", la Iglesia comenzó a establecer en las fechas en que los no-católicos celebraban sus cosas raras, acontecimientos importantes para la religión que se había decidido ser dominadora del mundo.
Si no se podía lograr que los paganos dejen de rendirle culto al dios Sol (qué barabaridad!), en el solsticio de invierno, y dejen de celebrar su llegada, nacimiento (o muerte y comienzo de un nuevo ciclo), debía entonces establecerse allí mismo -por encima de- la celebración de una fecha que signifique igualmente "esperanza", pero católicamente correcta. Nada mejor que el nacimiento de El Mesías, para opacar al ritual pagano en homenaje al Sol. En el otro solsticio, el de verano, sólo bastó con transformar las fogatas dedicadas a la cosecha, en las fogatas de San Juan. El mundo después se extendió más allá de Europa, y aquel invierno trastocó en verano por aquí, y el verano en invierno, pero eso es lo de menos.
Trastocar una fecha, su sentido, es un rasgo de metamorfosis cultural, en el que podemos observar vencedores y vencidos. Quien quiera ser posmoderno que celebre el Día del Trabajo. Yo estaré en las filas de los vencidos, conmemorando el Día del Trabajador.
ilustraciones: 1) imagen tomada de saborizante.com; 2) Escena de "Tiempos Modernos" de Sir Charles Chaplin; 3) foto de edithbruck en flickrSoundtrack para la redacción de este texto: Nina Hagen, Hermeto Pascoal, Jethro Tull, The Cure, Peter Gabriel y Yngwie Malmsteen...