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Miércoles 14 de marzo de 2007
Y acá, quizás, contradigo alguna cosita dicha en el post anterior
Entre tantos quiebres de partidos tradicionales, fugas de dirigentes de un sector a otro, y etc ect cte... hay un sector que continuó con su construcción sólida de otra fuerza política, de otro espacio de referenciación política consistente, sin dilapidar el esfuerzo por una contienda electoral.
Las encuestas no hablan del Partido Humanista. En algunas aparece al pie del listado de candidatos, en otras directamente es agrupada en el siemprebienvenido rubro "Otros partidos". Es más, su candidata, Bernardita Zalisñak, no estuvo en el debate oficial televisado por los siempre serios periodistas políticos del Grupo Clarín, en el programa "A dos voces" por TN.
Sin embargo, y más allá de resultados, porcentajes o legisladores que consigan, es el espacio que demuestra, claramente, la construcción más sólida.
A ver: por un lado tenemos a la UCR, que por el contrario de crear anticuerpos, parece acostumbrada a convivir con esa mala enfermedad, que se llama montielismo. Y con el espantoso mote de "centenario partido", que luce orgulloso negándose a entender que la política es movimiento.
Por otro, experiencias como la Concertación Entrerriana, el Frente para la Victoria y la Justicia Social (o justicialistas transfugas, como se acusaron semanas atrás) o el Frente Justicialista para la Victoria (el PJ oficial): con diferencias de matices e ingredientes, las tres fuerzas se empecinan en repetir la misma forma de construcción política.
En otra vereda parece caminar el PH. Y la adquisición casi a último momento del PI y el apoyo del mejor legislador entrerriano, Majul, avizora un futuro cercano más que interesante para el humanismo en la provincia. Si logra saltar el cerco de la marginalidad.
Es que una construcción sólida no necesariamente significa una fuerza política que disputa poder. Puede ser sólida, pero sólo, apenas, testimonial. Sólida y testimonial, pero sin disputar el poder (no el Gobierno, el Poder). Y en la política, lo testimonial no sirve. Lo puramente testimonial se vuelve marginal, periférico en la política, y no agrega nada -ni a favor ni en contra- al centro del movimiento que es la política, sin afectarlo, sin hacer rotar al centro ni pa’cá ni pa’yá.