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Gobernabilidad (ese viejo fantasma)

Jueves 22 de marzo de 2007

Tanto Urribarri, como Halle y Bordet, se encargaron de dejar bien en claro, inmediatamente después del triunfo, que los derrotados en forma contundente (Solanas y Cresto), terminarán su mandato con normalidad.

Es que les quedan casi 9 meses de gobierno a los dos intendentes municipales, y el nivel de confrontación por el poder que se disputó fue muy alto (el nivel de confrontación y/o el poder disputado...).

Con distintas palabras y tonos, uno y otro hablaron e insistieron en garantizar la institucionalidad, la gobernabilidad, transición en orden, paz.

No es un dato menor, no es común en la política vernácula -léase justicialismo concordiense- este tipo de "consideración" para el derrotado, sobre todo cuando el derrotado es quien es y fue derrotado como lo fue.

¿Esto abre acaso un nuevo capítulo en las relaciones políticas locales? ¿Es una especie de respuesta a una especie de reclamo social de "no más sobresaltos por favor"?

El 2001/2003 abrió muchas más puertas de las que los medios tradicionales -y analistas politicos serios- suscriben; y muchas siguen ahí abiertas esperando que alguien las cruce o por lo menos asome la jeta.

Hubo una vez una crisis que se hizo de más visible a fines del 2001. Hubo una vez una crisis que atravesó varios remolinos de viento, chubascos y maremotos. Hubo alguien que se animó, de corajudo, o le tocó en suerte de pura casualidad porque vió luz y entró, o lo dejaron sólo frente al timonel y no le quedó otra más que poner proa y popa en orden. Hubo ese mismo alguien que condujo el barco a una tierra más firme. O no tan sísmica. Del barco no huyeron ni las ratas (que nadie es suicida en su sano juicio). Y al desembarcar en la playa, algunos dicen que es tierra conocida, que es el lugar de donde partieron, otros que es un lugar nuevo, inexplorado, virgen, otros que ni tan tan ni muy muy. Hay quienes dicen que son parecidas las palmeras que emergen sobre la arena, pero no son las mismas, insisten, sólo parecidas, de la misma familia arborácea. Otros recuerdan el final de El Planeta de los Simios con las ruinas del imperio semitapadas y polvorientas, pero igual de amenazantes. Hasta hay quienes sostienen que es la concretización de la leyenda del cazador de sueños, y la etapa final donde los ejercitos con alpargata en mano y a ritmo del eco del mítico bombo emprenden la batalla final contra los temibles Ghó-rillas. Hay de todo, y de todos. Inclusive quienes se ofrecen muy gentiles a hacer de vigia a la noche, sólo para condimentar los panes con malos yuyos.

Pero para atrás, al embudo devoratodo, la tripulación del barco no quiere volver. Es demasiado el mareo a soportar y los ahogados en altamar. Los contramaestres, oficiales, cocineros y remeros, saben que hay que mantener el barco lo más cerca de la orilla posible (han piloteado ya tsunamis). El ancla puede no aguantar los embates submarinos, recién se está haciendo familiar la playa (para bien y para mal, de uno y de otro sector), y tras los árboles, a varios largos pies todavía, lo que haya (que enfrentar o disfrutar) sigue siendo un ¿misterio? no tanto a desvelar sino más bien a revelar.

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