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El miedo al post en blanco

Sábado 7 de febrero de 2009

(Otra fábula de escribientes y escritos)

Los primeros días pasaron casi imperceptibles, quizás un fin de semana, un día festivo o una jornada de mucha labor. Pero al cuarto día ya la situación empezó a desencadenarse, como una bola de nieve, primero insignificante luego demoledora.

¿Qué escribir? ¿Sobre qué tema?... Pensó que debía buscar un muy buen tema para retomar la actualización de su blog luego de esos cuatro días en stand by, una buena noticia, algo impactante, algo que de alguna manera haga olvidar esa larga ausencia de contenidos nuevos. Recordemos, noventa y seis horas, en Internet, es mucho tiempo. Más aún lo serían ciento veinte horas. Es que buscando y buscando, revisando feeds y leyendo sugerencias de lecturas enviadas a redes sociales, pasó un día más.

De repente se acumularon varios temas. Sólo debía seleccionar el mejor. Comenzó descartando los que se referían a hechos ya sucedidos o que sucederían ese mismo día (“Si el blog viene con poca actualización, no puedo actualizar con una noticia de hoy”, se argumentó). Luego descartó los temas sobre los que encontró demasiadas referencias en muchos otros blogs, temas ya demasiados abordados. Buscaba un distintivo, una originalidad. Finalmente descartó aquellos temas que tenían muy poca relación con los tópicos más abordados en su blog (“Si estaría actualizando normalmente, podría escribir sobre ello, pero ahora no”). Y así, nuevamente, se encontró en la misma situación de no saber sobre qué postear.

Pasaron algunos días más y él en la misma calle de múltiples esquinas sin saber cuál tomar, hasta que al revisar las estadísticas del blog notó algo llamativo, curioso: las visitas habían aumentado. Como en las mejores épocas, como en esos días de un efecto menéame o un efecto facebook. Pero no sólo las visitas, también los comentarios. Lectores casuales, usuarios 1.0, dejaban solitarios comentarios, también hoygans, spammers y SEOs, pero sobre todo lectores casuales.

Se lanzó a la búsqueda de ellos, a retenerlos, más propiamente dicho. Comenzó a responder todos y cada uno de los comentarios nuevos dejados en post viejos, muy viejos, una actividad casi invisible desde la home. Las visitas, y los comentarios, continuaban creciendo. En el gráfico de Analytics, la curva de crecimiento subía y subía cada vez más a medida que se alejaba de la fecha en que el blog brindó su último post.

Y así también llegaron los comentarios en tono de pregunta cariñosa o quizás preocupación… “Hey blogger, ¿porqué no posteas nada nuevo?”, “¿El blog está abandonado?”, “¿Qué te ha pasado que no actualizas el blog?”… Estos comentarios lo paralizaron. Llevaba más de un mes sin actualizar su bitácora y en las últimas dos semanas lo había olvidado por completo. El blog se había subvertido, la actividad principal del mismo no pasaba por el contenido nuevo generado por una persona sino por los comentarios y respuestas que se sumaban a páginas antiguas, muy antiguas, de la misma web. Había dejado de ser un blog, aunque el CMS fuese el mismo. Tampoco era un foro, no había registro de usuarios ni nuevos temas abiertos… De alguna forma, su blog se había convertido en un agujero negro (concentrador, y expulsor, y reproductor) de su propia procrastinación.

Entonces aceleró el descenso de la bola de nieve. Comenzó a responder los comentarios de sus viejos lectores, aquellos que leían el blog antes del estallido de tráfico, cuando era actualizado a diario. Pero antes de dar el primer enter de respuesta, quizás por vergüenza o miedo o apenas como un juego, borró las cookies, cambió su nombre y su URL en el formulario y corrigió algunas frases y palabras del mensaje redactado. Y lo publicó.

Comenzó a responder los mensajes desde el anonimato, simulando ser a veces un viejo lector del blog, en otras un lector nuevo, casual. Hasta dejó comentarios sobre los comentarios que él mismo, con otro nick, había escrito. Y dejó comentarios en los que dos lectores pero siempre él mismo, se peleaban, se preguntaban y se respondían, y comentarios en los que se exigía, a si mismo, algo nuevo en el blog. A los pocos días era un imparable ejército de quince lectores insatisfechos con los contenidos ya publicados y la no la actualización del blog, quince lectores insatisfechos liderados por él mismo, todos con muy diferentes nick, nacionalidades y sexo.

Ensayó algunas líneas que quedaron en borrador. No podía publicar cualquier cosa. El nuevo post, el post del regreso, debía ser verdaderamente sorprendente y original, sólo así podía colmar las ansias de novedad de esos varios comentaristas que había creado, sólo así podía satisfacerse. Y siguió comentando, y siguió exigiendo la actualización del blog.

Apareció Pans, nick que escribió por error de tipeo cuando dejaba el comentario de Lans, comentarista líder del séquito de reprochadores. Decidió mantenerlo a Pans también, junto a Lans y los otros. Poco a poco Pans se volvió más virulento en sus comentarios y fue desplazando a Lans del favoritismo de sus otros nicks. Pans era más directo, más exigente, más crítico, más cínico y más agresivo que Lans en sus opiniones sobre él, sobre el autor del blog y los motivos reales de su repentina y enigmática desaparición online. En los comentarios se tejían las más variadas hipótesis, la gran mayoría sin ningún sustento real, sin ninguna conexión que pudiera explicar los motivos. Fue entonces cuando Pans comentó que buscaría al autor del blog, que le preguntaría personalmente, que esta situación se iba a arreglar por fin.

Averiguó el whois del dominio, googleó el nombre del titular del dominio, anotó en un papel calle, número y localidad. Y ese mismo día Pans fue a buscarlo. Dicen los vecinos que se escucharon muchos ruidos en esa casa, ruidos de cosas rotas y ruidos de golpes rompiendo. Dicen los vecinos que no gritó ni siquiera el mínimo sonido emitió el cuerpo del autor del blog cayendo desde el quinto piso, salvo cuando impactó contra el techo de un auto que cruzaba la avenida. Dicen los vecinos que ni ese día, ni en los dos meses anteriores, vieron a nadie salir o entrar de ese departamento.

Ahora sí. Ahora tenía un muy buen material para postear en su blog, pero ya no podía escribirlo.

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